14 de sept. de 2011

La prisión como única pena para el delincuente. ¿Seguro?

El otro día me sorprendió leer una noticia sobre un juez que había condenado a una niña de 16 años a leerse el libro de El Diario de Ana Frank por haber pintado grafitis de esvásticas y símbolos nazis. Luego me di cuenta que la condena procedía de Alemania. Ya me parecía raro que no metieran a la niña en un reformatorio o prisión... Y es que en este país tenemos esa bonita costumbre. Encerrarlos a todos. Al final van a haber más dentro que fuera. Y alguien va a tener que mantenerlos con sus impuestos... Así que yo casi prefiero estar dentro. Pero vamos a dejarnos de frivolidades.

La iniciativa me parece estupenda. Ojalá se llevaran a cabo iniciativas como estas en otros países. La mayoría de la gente opina que la cárcel es una medida de prevención. Nadie quiere estar dentro porque se pasa muy mal y tal y por ello pensamos que la prisión actúa como medida disuasoria y evita que el "proyecto de delincuente" cometa delitos. ¡Aumentemos las penas! ¿¡Diez años!? ¡Son pocos! ¡A éste le tienen que caer mínimo veinte! Así seguro que se le quitan las ganas de robar/matar/estafar... Pues lo siento, señores, cuando el delincuente comete un robo/homicidio/estafa... no piensa en cuántos años le pueden caer si lo pillan, ni siquiera abre el código penal. Lo hace pensando que no lo van a pillar. Pero no me quiero ir por las ramas, que me embalo y me pierdo. Hoy quiero hablar de las medidas alternativas a las penas privativas de libertad (aka. prisión, cárcel, chirona, talego...).

En nuestro Código Penal de 1995 (y vigente hasta día de hoy) se recogen dos tipos de penas más: las penas privativas de derechos y la pena de multa.
La pena de multa es fácil. Al condenado se le sancionará a pagar cada día una cantidad de dinero que será proporcional al daño causado, el valor del objeto del delito o el beneficio reportado por el mismo y siempre teniendo en cuenta la situación económica del delincuente. (Artículos del 50 al 53)
Como penas privativas de derechos el Código penal nos las cita en el artículo 39 y son:
1. La inhabilitación absoluta. No puedes hacer nada. No eres nadie. No puedes tener una cuenta en el banco, ni puedes montar una empresa, ni hacer negocios, ni trabajar de nada que implique cierta responsabilidad...
2. La inhabilitación especial para empleo o cargo público, profesión, oficio, industria o comercio. Esto significa que ya no puedes currar de lo tuyo. O sea, que si eras dentista y cometes un delito de lesiones dejando sin un solo diente a un paciente solo para ponerle la prótesis dental que te ha llegado nueva, pues no podrás volver a ejercer de dentista.
3. La suspensión de empleo o cargo público. Lo mismo que el punto dos pero solo por un periodo de tiempo determinado.
4. La privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores. Se impondrá esta pena siempre que el sujeto haya cometido un delito con un vehículo a motor o ciclomotor, sino sería una auténtica gilipollez imputarla.
5. La privación del derecho a la tenencia y porte de armas. Este está claro, ¿no? Vamos, no creo que necesite explicación alguna.
6. La privación del derecho a residir en determinados lugares o acudir a ellos. O sea, si agredes a tu vecino te privarán de vivir en el mismo edificio o si agredes a alguien en el bar de la esquina pues no podrás acudir a ese bar. Esta es la pena estrella de los condenados por un delito de violencia de género o por un delito sexual.
7. La prohibición de aproximarse a la víctima o a aquellos de sus familiares u otras personas que determine el juez o tribunal. No acercarse a la víctima en una distancia de X metros son las sentencias que se suelen fijar. Esta es otra de las que se encuentra en el top five de los delincuentes por violencia de género y/o sexuales, aunque también se aplica en muchos otros delincuentes que no han cometido ese tipo de delitos.
8. La prohibición de comunicarse con la víctima o con aquellos de sus familiares u otras personas que determine el juez. Es un plus de la de no aproximarse, como ahora tenemos teléfonos móviles e internet pues lo de aproximarse se queda corto si el fin último es que no se comuniquen. Ya veis, la seis, la siete y la ocho van de la mano. Y por último, mi favorita y estigmatizante en Estados Unidos:
9. Los trabajos en beneficio de la comunidad. Y, ¿por qué estigmatizante? Pues porque les hacen ir con cadenas en los pies y trajes a rallas de color blanco y negro o amarillo y negro para que todo el mundo vea lo malo malotes que son. Así acaban cumpliendo dos penas, la que les ha puesto el Estado y la que les pone, y les pondrá, su comunidad de vecinos porque, a aquellos que la gente etiquete como delincuentes les va a costar mucho quitarse ese estigma social y volver a ser felices y llevar una vida normal, sin intentar no volver a cometer un delito. Si yo he robado para dar de comer a mis hijos pero me han pillado y me envían a recoger basura por la calle con un traje de color amarillo fluorescente a rallas negras para que todos me vean, cuando acabe mi condena y salga a la calle a buscar trabajo nadie querrá darme uno y me veré obligada a cometer otra vez un delito. Aunque aquí estos trabajos no son estigmatizadores, al menos de momento y esperemos que así lo sean durante mucho tiempo más. Los trabajos en beneficio de la comunidad pueden ser positivos si se dirigen con fines educativos hacia el delincuente, como por ejemplo el caso de la niña que pintaba grafitis nazis, si además de que lea El Diario de Ana Frank la hacemos limpiar las pareces que ha ensuciado, estamos imponiéndole una pena de trabajos en beneficio de la comunidad. Otro ejemplo sería en los delitos de tráfico: conducción temeraria o bajo los efectos del alcohol o drogas. Si a la persona que ha cometido un delito de este tipo le imputamos un trabajo en beneficio de la comunidad que consista en cuidar a víctimas en accidentes de tráfico, estamos educando al conductor temerario y ayudando a la comunidad.

El juez de menores Emilio Calatayud es uno de los pioneros en imponer sentencias cuya finalidad es ejemplarizar y educar a los menores. Algunas de sus sentencias las ha recogido en un libro titulado Mis Sentencias Ejemplares, con anécdotas y razonando el porqué de sus actuaciones.
Estas son las penas que cita el código penal, que están muy bien pero hay que buscar en ellas la resocialización del infractor para que no vuelva a cometer un delito. Yo, personalmente, creo que la empatía y los lazos familiares son muy importantes para que el delincuente no vuelva a delinquir. Por eso también creo en la mediación como medida resocializadora porque con la mediación no hay juez, sino un intermediario que se ocupa de "dirigir" y poner paz en la disputa. En la mediación, el delincuente y la víctima hablan, intercambian puntos de vista y llegan a un acuerdo. El proceso es más personal, la víctima llega a entender al infractor y éste consigue ponerse en la piel de la víctima. Pero creo que este tema de la mediación puede quedar muy bonito como próxima entrada.

1 comentario:

  1. Muy interesante y muy bien explicado! Con tus entradas siempre aprendo algo nuevo :) Y me encanta el nuevo aspecto del blog, ahora se todo lee mejor!

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