29/8/2011

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¡Es el SuperCiudadano!

Hacen falta más noticias como ésta para que todos nos demos cuenta de lo poderosos que podemos llegar a ser. Y no hablo de que un tío cachas con los calzoncillos por encima de los pantalones se dedique a salvar el mundo impidiendo que se cometan actos delictivos. Estoy hablando del PODER que TODOS Y CADA UNO de nosotros tiene en sus manos. Y de cómo pasamos de él. Porque rara es la vez que, cuando vemos una pelea, por ejemplo de pareja, en la calle o alguien robando en una tienda, nos metemos en medio e intentamos evitar que se cometa el delito. Y tampoco me refiero a que una sola persona intente pararlo, sino que podemos ser un grupo los que ejerzan este tipo de control en los pequeños delincuentes.

Y con esta noticia como excusa, me gustaría hablar de una de las teorías más bonitas de la Criminología. La teoría del Control Social (o de los vínculos sociales) del Doctor Hirschi.
Esta teoría parte de la siguiente premisa: si te juntas con gente maja y que cumple las normas sociales, si creas lazos afectivos con ésta gente y las actividades que realizas con ellos se adaptan a actividades aceptadas socialmente, entonces cometerás menos actos delictivos. Por lo contrario, si te juntas con bandas de narcos, ladrones y demás y sudas de tu family porque son unos pringaos y no saben hacer otra cosa más que trabajar para conseguir sobrevivir, entonces puede que llegues a cometer algún que otro delito y si te pillan te meterán en chirona y allí conocerás a gente más peligrosa con la que te juntabas antes y tus delitos serán más heavys y volverán a meterte en chirona pero por más tiempo. Así resumido y tal, 
"la existencia de vínculos afectivos con personas socialmente integradas constituye el principal elemento que retiene a los jóvenes de implicarse en actividades delictivas". (GARRIDO, V., et al., (2006) Principios de Criminología,  3a Ed., Tirant lo Blanch, Valencia, pág. 222)
Diremos que, 
"la delincuencia resulta de la ausencia de creencias, de normas y de vínculos sociales que prohíban o impidan delinquir". (GARRIDO, V., et al., (2006) Principios de Criminología,  3a Ed., Tirant lo Blanch, Valencia, pág. 223)
 Hirchi habla de cuatro mecanismos que pueden hacer que nuestro casi delincuente no llegue a serlo. Éstos son:

  1. Apego: compuesto de afecto, admiración e identificación con aquellas personas que no queremos que delincan. Cuanto más apego, menos ganas de delinquir tendrá esa persona. Sé que éste punto no lo podríamos llevar a cabo nosotros con las situaciones que nos encontremos en la calle, pero sí con nuestros familiares y amigos y en gente que nos importe.
  2. Compromiso: éste se refiere al grado en que están implicados estos casi delincuentes en la sociedad convencional, en las actividades socialmente aceptadas y en los círculos socialmente bien vistos.
  3. Participación: tiene que ver con el compromiso. Cuánta más participación en las actividades convencionales y demás, más compromiso y por tanto menos probabilidad de cometer delitos.
  4. Creencias: para mi, el mecanismo más importante junto con el apego, si no crees en lo que haces todo esto no sirve de nada. ¿Para qué vas a participar en actividades e implicarte con círculos socialmente aceptados si no crees en ello?
Para poder controlar y evitar conductas delictivas, Hirschi propone que los refuerzos y castigos que se tengan que llevar a cabo se apliquen de manera inmediata, es decir, una regañina, poner al sujeto en evidencia, etc. en el mismo momento en que comete la acción. Y no como hace el derecho penal, que hasta que no te juzgan y empiezas a cumplir condena, ya han pasado 2 años o más desde que cometiste el hecho delictivo.
Un claro ejemplo de esta teoría puesta en práctica lo encontramos en los pueblos y zonas rurales. Los cotilleos ejercen un efecto disuasorio de la conducta socialmente considerada como desviada, es decir, si haces algo mal, todo el mundo lo sabrá y te juzgarán por lo que has hecho. Aunque esto puede tener también consecuencias negativas, si no se abusa de ello puede ayudar a reprimir la conducta delictiva. Pitt-Rivers estudió el efecto del cotilleo en Grazalema (Granada). Como bien explica Vicente Garrido 
"En el "cotilleo" se produce un distanciamiento de la persona que es objeto de comentarios y suelen emitirse jucios de valor acerca de su comportamiento. Estos grupos de "cotilleo" interpretan las normas sociales y califican a los otros según sus criterios." (GARRIDO, V., et al., (2006) Principios de Criminología,  3a Ed., Tirant lo Blanch, Valencia, pág. 228) 
Quien no quiere ser criticado ni juzgado dentro de estos grupos de "cotilleos" pues se une a ellos e intenta seguir las normas socialmente aceptadas por el grupo. Pero tampoco es que todo fueran malos rollos y críticas entre los vecinos del pueblo, sino que también se crean lazos estrechos entre los miembros y se dan situaciones de solidaridad y colaboración entre vecinos, generosidad y ayuda a personas con problemas. A quien le pueda interesar el tema, escribió un libro sobre ello.

Por todo esto, no está demás que en la sociedad actual, donde este tipo de control informal no se lleva a cabo tan a menudo gracias al anonimato que ofrecen las grandes urbes, intentemos ejercerlo por otras vías. El ciudadano en tanto que ciudadano tiene más poder que el policía. Todos somos superheroes. Solo hay que saber desarrollar nuestros poderes. ;-)

1 comentario:

  1. Me ha parecido muy curioso lo de que los cotilleos puedan llegar a tener un efecto disuasorio en las conductas delictivas, porque es completamente cierto. Muy buen artículo :)
    PD: me suena que un episodio de Redes hablaban de este tema, pero ahora no lo recuerdo...

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